Hay que leer

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Vladimir Kush

        Hay que leer, hay que animarse a tomar un libro, y armarse de la justa paciencia, hay que aventurarse y entregarse de lleno a sus páginas, hay que saborear lentamente cada palabra, disfrutar de cada frase, de cada idea, de cada pensamiento; hay que darse el tiempo para comprender a los autores, para conocer a las personas, hay que animarse a vestirse un poquitito de ellos mismos, y alcanzar a conocer así un poquitito de sus necesidades, de sus deseos, de sus miedos, de sus esperanzas, de sus dichas y de sus tristezas; hay que darse la oportunidad para conocer a los autores, a los pensadores, a los narradores, a los creadores, conocerlos para hacerse uno con ellos, para hacerse uno «en» ellos, al menos por un momento, al menos por uno de esos pequeñísimos momentos que gozan tanto disfrazándose de eternidad; hay que leer, hay que cuestionar, eso sí, descender a las raíces, viajar hacia la fuente primordial de cada idea, de cada pensamiento de esos que descansan en las palabras con que alimentamos a nuestro espíritu, hay que darles una y otra vuelta, observarlos atentamente, silenciosamente, desde uno y otro lado, bajo una y otra luz; pero hay que leer, porque si no se lee, se corre un riesgo inmenso, el de convertirse en un hombre sin luz, en un hombre de esos que siempre han sido los más peligrosos de los que han puesto pues sobre esta tierra, seres oscuros, hechos de hondo resentimiento contra la vida, vacíos de esperanza y solidaridad, de esos hombres insensibles que, si por esas misteriosas sendas entrecruzadas de las buenas y malas fortunas, han encontrado alguna vez entre sus manos una mísera cuota de influencia o de poder, han traído consigo siempre la catástrofe, han sido siempre signo inconfundible de la tragedia, símbolo inequívoco que a todas voces anuncia el fin de la Vida, el fin de la Libertad; hay que leer, para no caer en cuenta, un día cualquiera, en que nos hemos transformado en hombres enfermos, hombres ignorantes, pero de una ignorancia que no tiene cura, lamentablemente, ya que esos hombres que jamás buscarán una salida del encierro inexorable al que perpetuamente les condena su misma y miserable condición, y esto porque ignoran y, por sobre todas las cosas, ignoran todo acerca de su inmensa y profunda ignorancia.

        Hay que leer, y no solo en páginas de papel, hay que luchar constantemente por aprender y desaprender, y por volver a aprender, y continuar aprendiendo hasta el último de nuestros días, hay que hacerse del coraje del hombre que se ha liberado de las cadenas de la seguridad y la quietud y se ha lanzado de lleno en la aventura de leer, observar e interpretar las páginas con que la vida misma a todos nos convida, en cada instante de cada día, de su infinita y maravillosa sabiduría.

Alejandro Miranda

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Acerca de el Ale (αλιενάδος ανθρώπος)

Natural Born Dreamer. Ser vivo en constante aprendizaje del mundo, de la naturaleza, de la vida. «La conformidad no es propicia para la creación. Sólo la profunda incomodidad del alma es capaz de encender la llama apasionada de la inspiración.»
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