El «Bien» en los tiempos modernos

Representación del Mito de la Caverna de Platón. Sombras, realidad, ilusión, verdad.

Todos vivimos nuestras vidas buscando el Bien, pero ¿qué es para cada uno de nosotros el «Bien»? ¿Cuál sería su manifestación concreta en nuestras existencias? y aún si supiéramos con algún grado de seguridad lo que es esta idea de Bien, ¿cómo lo conseguimos? ¿cómo lo hacemos nuestro?, o bien ¿cómo nos hacemos de él para conseguir lo que más deseamos, la Felicidad? Porque cuando conseguimos identificar lo que para nosotros es el Bien, encontramos sin duda nuestro camino a la Felicidad, la que tan solo puede existir en función de ese Bien, en función de la Virtud que tan solo en él puede tener su origen. Ahora, una vez hemos encontrado el camino a la felicidad todo lo demás queda en segundo plano,  en esta vida, la única vida de que tenemos alguna seguridad vamos a vivir, nada puede ser más importante que buscar nuestra felicidad, ¿no es así? Entonces, ¿qué sucede entonces cuando, por falta de tiempo para la reflexión, por miedo, o por cualquier otra cosa de las que sentimos y experimentamos a diario, nos damos con el hecho de que somos incapaces de encontrar lo que es el Bien por nuestra propia cuenta? Peor aún, ¿cuál es el riesgo que asumimos al encarar decidida y definitivamente una búsqueda por la felicidad no solo sin saber lo que es el Bien, y por consiguiente sin saber cómo conseguirlo, sino, y aún mucho peor, cuando por todos estos «obstáculos del pensar»  de la vida cotidiana terminamos por relegar en otros la tarea de decidir lo que el Bien es, y por lo tanto el cómo hacernos con él? 

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha luchado por encontrar el equilibrio perfecto sobre el «cómo vivir», midiendo siempre la eficacia de sus métodos en función de la capacidad de éste para alcanzar el «Bien», el Bien como medida de la Virtud — el Bien como medida de todas las cosas, el Bien como medida del Universo —, definiendo así las coordenadas de su propio Ser, y orientando el rumbo de su vida entera en pos de esta búsqueda eterna.

La reflexión acerca de lo que es, o no es, el Bien, de lo que es, o no es, la Justicia, la Virtud, la Libertad, la Felicidad, ha estado presente antes de, y durante, cada decisión, cada renuncia, cada elección, antes y durante cada camino transitado. La búsqueda por una definición del Bien siempre ha ocupado una enorme parte de las reflexiones por el cómo vivir, tanto en lo privado como en lo social.

El sistema capitalista ofrece una gran ventaja, y es éste, a mi entender, el secreto detrás de la fabulosa aceptación que ha encontrado en las sociedades modernas — apresuradas, preocupadas, distraídas, temerosas—, y es que nos provee éste de una enorme comodidad al respecto, nos «libera» completamente de la responsabilidad de reflexionar acerca del cómo vivir — cómo vivir para alcanzar la mayor virtud, y luego la felicidad —, lisa y llanamente nos ofrece un «producto», un objeto fabricado, terminado y pulido hasta el detalle, «el dinero», al que, una vez conseguido, podremos, según se nos dice, intercambiar por cualquier otra cosa que podamos desear, incluyendo la Salud, la Belleza, la Virtud, la Felicidad, y hasta la Libertad.

Es entonces el dinero, el capital, la manifestación concreta, de acuerdo a sus parámetros, de la «idea de bien» platónica; un bien intercambiable, el «comodín» por excelencia en este juego de la vida, el símbolo por excelencia, el símbolo universal.

Por eso, según entiendo, la base del éxito del capitalismo es, en esencia, una ilusión, su fundamento todo es la mentira de que llegado el caso podremos usar el dinero acumulado para hacernos con la Belleza, la Virtud, o nuestra Libertad, para comprarlas como si fueran simples productos de mercado, y que de hecho es lo que son, la belleza, la salud, la libertad, en este sentido no son más que meros productos comerciales a los que aceptamos sin reflexionar como realidades en nuestro apuro por vivir y conseguir el resultado más eficiente e inmediato.

Mito de la caverna

Otra representación del mito platónico de la caverna, en esta podemos ver al hombre liberado de las cadenas de la ilusión, en búsqueda del Bien, representado por el Sol y la infinita luz con la que nos permite conocer la realidad.

Hoy nadie se pregunta ya cómo vivir para ser feliz, porque ya nadie se pregunta qué es ser feliz. Mucho más fácil, y cómodo, es aceptar lo que otros nos dicen acerca de la felicidad, y del cómo vivir para alcanzarla, mucho menos nos preguntamos en función de qué clase de intereses es que esos otros han definido la felicidad y ese perfectamente delineado «cómo vivir» para apoderarnos de ella.

Nos dicen que la felicidad está en Tener — casas, autos, pantallas gigantes, teléfonos «tope de gama», lujos, placeres superficiales y todo tipo de comodidades —, luego nos enseñan lo que debemos hacer para alcanzar esta forma de felicidad «de diseño» — salida de los laboratorio del poder —, nos hablan del dinero y de sus infinitas oportunidades para alcanzarla mediante su inmenso poder «liberador», porque hasta el lenguaje ha sido transformado, o más bien deformado, porque justamente a lo que nos esclaviza llamamos agente de liberación.

Cuando hemos aceptado al dinero, cuando hemos aceptado el «Tener», como cosas equivalentes a, y absolutamente intercambiables por, la Virtud, la Felicidad, la Libertad — como cosas en sí—, a simple vista se nos aparece el camino del «cómo» conseguirlas, se muestra claramente éste en el trabajar por un sueldo, sin importar las vocaciones verdaderas, en dedicarnos a cualquier actividad, sin medir otro tipo de consecuencias más que el que nos reditúe un cierto beneficio en dinero, se nos muestra de esta manera claramente el camino de la «virtud» en el bajar la cabeza y dejarse someter, en el aceptar y abrazar la autoridad y la jerarquía, siempre desde abajo; se nos muestra en el abandono del pensamiento crítico y la reflexión profunda sobre la vida, todo siempre en pos del único, y mejor, orden posible de la cosas; siempre para conseguir el dinero, para hacernos con él, para acumularlo en montones — para soñar con con esos montones—, para negárselo a los otros, para arrancárselo a los otros, para diferenciarnos de ellos — ¡sobre todo para diferenciarnos de los otros! —, porque también el capitalismo nos enseña que la felicidad es mucho más placentera cuando no se comparte —porque cuántos no están convencidos hoy de que felicidad es exclusividad—, cuando es solo mía, cuando nos marca una diferencia clara por encima de los otros.

En pos de la Virtud debemos, pienso, ser capaces de aislarnos en las ideas, de alejarnos de toda influencia y prejuicio, para encontrar nuestro Ser auténtico, para encontrar la interpretación única, propia, verdadera de la realidad; pero está la Virtud también, y fundamentalmente, en unirnos con el otro en los cuerpos, en hacernos Uno como hombres y mujeres, en hacernos Uno con el otro, hacernos Uno como la sociedad que construimos para vivir y alcanzar la plenitud de la vida.

Este perverso sistema capitalista, en cambio, nos conduce por el camino inverso, nos amontona y nos iguala por la fuerza en ideas y pensamiento, condenando al diferente a la marginalidad, nos somete a la aceptación de absolutos cuasi divinos en la observación e interpretación del universo, y así, casi sin que seamos capaces de percibirlo, mientras al mismo tiempo nos llena la cabeza de temor por el otro, nos encierra en prisiones por cuyas paredes cada vez más altas pagamos nosotros mismos, con nuestro tiempo, con nuestra juventud, con nuestra salud, nos convierte en mujeres y hombres-isla — pedazos de roca flotantes en el espacio, solitarios, fríos, dejados completamente de toda emoción profunda y verdadera —, y lo consigue, con creces, mediante su incansable oferta de comodidad, de placer inmediato y exclusividad, lo consigue con creces mediante su inigualable oferta de miedo y la constante distracción.

La idea de «Bien», metaforizada por Platón con el sol, fuente inagotable de luz, luz que da sentido a todo lo que nos rodea —iluminándolo todo, permitiéndonos conocer ese todo—, ese preciado Bien ideal carga evidentemente con la enorme responsabilidad de orientar el rumbo de nuestras vidas en la eterna búsqueda de la felicidad.

Alejandro M. (αλιενάδος άνθρωπος)

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Acerca de el Ale (αλιενάδος ανθρώπος)

Natural Born Dreamer. Ser vivo en constante aprendizaje del mundo, de la naturaleza, de la vida. «La conformidad no es propicia para la creación. Sólo la profunda incomodidad del alma es capaz de encender la llama apasionada de la inspiración.»
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3 respuestas a El «Bien» en los tiempos modernos

  1. Luis dijo:

    Ahora que se vienen las “fiestas” vemos una ves mas relucir la miseria humana, esta es la sociedad de hipócritas que nos convertimos, dónde comprar, vestir bien, es ser alguien importante, dónde regalar es expresar sentimientos. Una sociedad que vive solo de valores consumistas es una sociedad destinada al fracaso, a la extinción y al horror de las guerras y el odio.

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  2. Rodrigo dijo:

    «cualquier preocupación sobre qué está bien y qué está mal demuestra un estancamiento en el desarrollo intelectual» — Oscar Wilde.

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